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Presión sanguínea alta

Presión sanguínea alta, también llamada hipertensión, significa que la tensión arterial está incrementada de forma innatural. Lo que representa un trastorno de salud que debe ser monitoreado, tratado y controlado mediante cambios en el estilo de vida, medicación, o por una combinación de ambos.

La presión sanguínea normal se define como 120/80 mmHg. Se considera alta cuando la tensión arterial sistólica está arriba de los 140 mmHg, o la diastólica arriba de los 90 mmHg, o ambas por encima de estos niveles (140/90 mmHg). En personas con otros factores de riesgo tales como diabetes, el impacto de la tensión arterial elevada es mayor, por lo que en su caso la presión se considera alta en 130/80 mmHg.

Efectos de la presión sanguínea alta

Si la presión sanguínea alta no se diagnostica y se deja sin tratamiento, puede acarrear severos problemas de salud. La tensión elevada hace que el corazón trabaje más arduamente para bombear la sangre a través del cuerpo, y contribuye al estrechamiento de las arterias o a la aterosclerosis. Progresivamente, la presión alta daña los vasos sanguíneos, y eventualmente puede conllevar al desarrollo de varias condiciones graves. Las personas con una presión sanguínea no controlada, son tres veces más propensos a desarrollar una enfermedad coronaria del corazón, y seis veces más propensas a desarrollar una insuficiencia cardiaca (falla congestiva del corazón). Asimismo, la presión alta es el factor modificable principal de riesgo de infarto.1

1. Bangalore S, Messerli FM. Un estudio de infartos en pacientes con hipertensión y enfermedades en las arterias coronarias: Focalizado a los bloqueadores de canales de calcio. 2006;60:1281-6.